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ALCOHOL EN LA FAMILIA

Publicado por daniel 05/02/2010 20:41 / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo

Efectos Familiares del alcoholismo

Enrique Hinojosa Serrano

Es relativamente frecuente que en el contexto familiar de las personas con problemas de alcohol se den discusiones, peleas, agresiones, destrozos de bienes materiales, abusos sexuales o un largo etcétera. Hay una estrecha relación entre el consumo inmoderado de alcohol y la violencia física y psíquica dentro de la familia.

 

Analizamos, en primer lugar, los efectos que el alcohol produce en la familia en general y, a continuación, los efectos sobre los hijos, que fundamentan básicamente la investigación posterior que realizamos.

Efectos sobre la familia

Las relaciones familiares suelen evolucionar hacia un deterioro más o menos profundo. Los reproches, las discusiones, las agresiones, los celos, forman parte de la vida cotidiana. No es raro que esta situación desemboque en separaciones matrimoniales y en la dispersión de la familia.

De este modo, el clima es el menos indicado para el crecimiento y educación de los hijos que se desarrollan en un medio ambiente en el que se les ofrecen modelos de conducta y actitudes inadecuadas para su futuro desenvolvimiento como adultos.

Ramírez de Mingo (1963, p. 57) señala las consecuencias del alcohol para la familia:

  • Degradación familiar.
  • Desajuste familiar.
  • Disgregación familiar.
  • Separación conyugal.

 

Si el alcohólico es él, entonces la mujer tiene que afrontar la mayor parte de la responsabilidad, ya que el marido no puede. Tiene que sustituirlo en su función de sustentador económico, realizar las tareas de la casa y encargarse de la educación de los hijos.

 

Alonso Fernández (1981, p. 204), entre las complicaciones familiares, señala:

  • Alta morbilidad para la alcoholemia y la esquizofrenia entre sus descendientes.
  • Frecuente desintegración del hogar.
  • Los hogares fundados por sujetos alcoholómanos se resquebrajan en el 94 % de los casos.

 

Alfonso Sanjuán e Ibáñez López (1983, p. 204), señalan algunos problemas que plantea tener un alcohólico en la familia:

  • Alteración de la dinámica familiar: las relaciones interfamiliares se hallan alteradas.
  • Rotura de la estructura familiar: los hijos suelen abandonar el hogar antes de los 18 años o son ingresados en centros del Tribunal Tutelar de Menores.
  • Alteración de presupuesto familiar: se produce por pérdida del empleo y por el gasto en bebidas.
  • Separación conyugal: es mayor el número de separaciones cuando es ella la alcohólica. La causa del alcoholismo en la separación es 17 veces superior a las separaciones por otros motivos.
  • Pérdida de la categoría social: se producen variaciones en el hábitat en que se inició la problemática, tendiendo hacia abajo.
  • Degradación laboral: pérdida del puesto de trabajo, teniendo que subemplearse o ver disminuida su categoría dentro de la empresa.
  • Conducta conflictiva: leve si ocasiona conflictos sociales, grave si la conducta está tipificada como delictiva.
  • Degradación personal y social: abandona o es abandonado por sus amistades. Se inicia el proceso de marginación social que incluye a su familia.

Como podemos comprobar los tres autores citados coinciden en la mayoría de sus conclusiones: la familia se degrada, la familia se disgrega.

Si la mujer es la alcohólica, la perturbación familiar es aún mayor. Además la familia tolera peor esta situación. Se daña más su prestigio y autoridad.

Alonso Fernández (1881, p. 205) afirma que "la alcoholización de la madre es responsable de un gran número de abortos, partos prematuros y malformaciones congénitas".

Ramírez de Mingo (1989, p. 128) observa que si la alcohólica es ella, entonces el marido se limita a llamarle la atención y si no encuentra una solución rápida a los problemas llega a la conclusión de que no se puede vivir con "una mujer así" y se las arregla para buscar una alternativa fuera del hogar.

(En cuanto a la separación o divorcio nuestra opinión personal es que, llegados a una situación tan tensa y conflictiva y viendo que la solución es inviable después de haber intentado todas las posibles, lo mejor que puede hacerse es llevarla a cabo e intentar rehacer la vida por otro camino procurando siempre lo mejor para los hijos).

Nos ha llamado la atención las características de la mujer del alcohólico que Alfonso Sanjuán e Ibáñez López (1983, p. 202) señalan: "Cuando la esposa elige al marido alcohólico es porque ella presenta ansiedad, depresión, cuadros neuróticos, insomnio, angustia, irritabilidad, inseguridad y, a veces, aislamiento social".

Clasifican a estas mujeres en cuatro grupos:

  • "Sufriente": sabe que con el alcohólico va a sufrir y encontrará dolor.
  • "Controladora o dominante": elige el marido inepto porque lo va a controlar.
  • "Vacilante e irresoluta": siente un fuerte deseo de ser amada y elige un marido que dependa en todo de ella.
  • "Punitiva": se muestra con el marido como una vociferante pero indulgente mujer.

 

La vigésima conclusión de profesor Benavente García (1986, p. 274) "Podemos afirmar que las mujeres de los alcohólicos son portadoras de una estructura neurótica de la personalidad" resumiría las características de la mujer del enfermo alcohólico con las que, personalmente, no estamos de acuerdo. Hemos podido comprobar en nuestra práctica diaria la existencia de mujeres de alcohólicos (novias, esposas o que viven en pareja) con una personalidad bien estructurada, muy positiva, con una gran fuerza para luchar contra las adversidades, abiertas socialmente y además, con un espíritu constructivo digno de admiración.

 

Efectos sobre los hijos

 

Este apartado merece especial atención por cuanto trata de las repercusiones que la enfermedad alcohólica de los padres tiene para los hijos.

Lo dividimos en 4 puntos:

a)     Influjos hereditarios:

Como hemos dejado aclarado anteriormente la alcoholemia carece de un determinismo hereditario específico y que "el proceso de la blastoforia, formulado por Forel, y casi equivalente a la observación popular acerca del precario estado de salud mental de los ‘hijos de los sábados', resultado del coito realizado en estado de embriaguez, se encuentra en el sector de lo irreal pintoresco". (Alonso Fernández, 1981, p. 102).

Hay influjos hereditarios positivos: "Así como la inclinación genética al alcoholismo es una posibilidad que permanece sin testimonios concluyentes, puede asegurarse que existen factores constitucionales predeterminados genéticamente que protegen a muchos sujetos contra la eventualidad de volverse alcohólicos porque suscitan reacciones negativas al alcohol". (Boodwin, 1979).

Concluimos con Kalant (1980) que afirma: "El alcoholismo no es hereditario pero las influencias genéticas determinan presumiblemente algunos aspectos críticos de la interacción entre el individuo y el alcohol que pueden incrementar o disminuir la probabilidad de un uso excesivo posterior".

b)     Síndrome alcohólico fetal:

El alcoholismo femenino ocasiona graves disturbios en la descendencia no sólo a través de la convenia psicológica sino por sus influjos tóxicos durante el embarazo.

Cualquier toma de alcohol un poco importante durante los tres primeros meses del embarazo pone en grave riesgo el desarrollo del embrión. Es suficiente el consumo de 30c de alcohol (unos 300 c/c de vino de 10º, es decir, 3 vasos de vino) para que se eleve excesivamente la alcoholemia en la sangre que nutre al embrión.

Las primeras observaciones del "síndrome alcohólico fetal" se registran durante la "epidemia de ginebra" que conmovió Inglaterra entre 1720 y 1750. Su origen fue el levantamiento oficial de las tradicionales restricciones para fabricar bebidas destiladas. La ginebra abundante y barata inundó el país creando una grave crisis social.

El Colegio de Médicos consideraba a la ginebra como "una causa de niños débiles, enfermos y destemplados". Según Jones Smith (1973) y Dehaene et al. (1977) "el síndrome del alcoholismo fetal" (sic) comprende 4 tipos de anomalías:

Dismorfia craneofacial: microcefalia, hirsutismo frontal, estrabismo o miopía, oblicuidad antimongoloide de las hendiduras palpebrales, nariz aplastada, hipoplasia de la mandíbula, paladar alto y hendido, boca grande con labios finos.

Desarrollo psicomotor deficiente asociado con inquietud, hiperexcitabilidad e insomnio, oscilando el coeficiente intelectual entre 50 y 80.

 

Déficit en el incremento tanto intrauterino como postnatal.

Dismorfias asociadas no específicas, sobre todo, anomalías de los órganos sexuales externos, articulaciones, músculos, función motora: mala coordinación oculomotora, habilidad manual reducida, lateralización defectuosa, y el sistema cardiovascular con cardiopatías en forma de comunicación interauricular o interventricular.

 

Alfonso Sanjuán e Ibáñez López (1983, p. 121) definen la "Teratogenia" como "el daño que puede hacerse al huevo, embrión o feto por la toma de alcohol". Y describen así los síntomas:

 

En los hijos de madre fuertemente alcohólica aparecen mayor número de malformaciones craneofaciales, cardiovasculares, oculares, de las extremidades, cataratas, cardiopatías y graves alteraciones del desarrollo somatopsíquico de los hijos. Aparecen en el 50% de los hijos de madre muy bebedora.

Las alcohólicas dan a luz hijos pequeños para su tiempo de gestación, con hipoglucemia, poliglobulia y dificultad de termorregulación. Este mecanismo intrauterino se acompaña de debilidad mental. Somáticamente estos niños presentan cara aplanada, nariz pequeña, asimetría facial, ojos pequeños, microcefalia y crecimiento deficiente. El 43% de los niños de madre alcohólica presentan síndrome de alcoholismo fetal, según estadísticas francesas recientes.

Su aprendizaje y desarrollo son inferiores a la media. Se ha comprobado que tienen menor número de neuronas y su organización cerebral está perturbada.

Alcohol y aborto también están relacionados. Las tasas de aborto son más altas en mujeres alcohólicas. (Cf. Alfonso Sanjuán, 1983, p. 121 y ss.).

Malka (1988, p. 109) afirma que hace sólo 15 años que se reconocen las consecuencias sobre el feto de la ingestión de bebidas alcohólicas de la mujer embarazada.

Lemoine (1968, p. 471) abordó el tema por primera vez y relacionó numerosas anomalías halladas en niños nacidos de padres alcohólicos. (Es interesante subrayar que se hablaba de padres alcohólicos y no de madre alcohólica, pues se consideraba el alcoholismo exclusivo del hombre).

Este síndrome de alcoholismo fetal lo describe Lemoine en 1968 y le asocia al nacimiento:

  • Un retraso de crecimiento.
  • Anomalías morfológicas que afectan al cráneo y los miembros.
  • Malformaciones diversas.

El niño nace con poco peso y su talla es pequeña. Las anomalías que presenta son sobre todo craneofaciales: microcefalia, hirsutismo, implantación baja del cabello, frente abombada, nariz corta con base casi inexistente, labios delgados con hundimiento del labio superior, a veces coexisten labios liporinos, hipoplaxia maxilar y retrognatismo, baja implantación de las orejas y mal pegadas, cuello corto, tórax en embudo, displasia de las caderas, anomalías cardíacas (son las más frecuentes), anomalías genitourinarias (riñón en forma de herradura, hipoplasia renal y de los labios a nivel genital externo).

Durante el primer año, el crecimiento se limita a 2/3 del normal. Este retraso persistirá durante los primeros años. El aspecto del niño es relativamente armonioso.

La microcefalia persistirá acompañada de un retraso psicomotor más o menos importante.

El coeficiente intelectual (CI) medio se sitúa en 65, pero se pueden observar retrasos más importantes (CI = 50). Estos bebés adquirirán el aprendizaje de forma tardía: retraso en la sedestación, en el caminar (a menudo hacia los 18 meses - 2 años), cogen mal los objetos, falta de coordinación entre el ojo y la mano.

También tienen trastornos de comportamiento: agitación, hiperactividad, trastornos de sueño, dificultades de aprendizaje escolar, falta de coordinación, dislexia.

Es importante la actitud de la madre en este período si persiste en la intoxicación o no.

En la actualidad se admite que el etanol tiene un efecto teratógeno directo. Si se hace ingerir alcohol a una gestante el índice de los tejidos fetales es el mismo que el que circula por la sangre materna.

Desde mediados del siglo XIX se imputan al etanol algunas lesiones de gónadas, ovarios y testículos que provocan una alteración del epitelio germinativo y afectan el material genético.

Malka (1988, p. 109 y ss.) distingue los siguientes períodos y efectos:

a)     Período embrionario: Es el período donde se producen los abortos espontáneos. Es muy difícil que se relacionen con su verdadera causa, es decir, con la intoxicación etílica.

b)     Período fetal: En este período se constituirá el "síndrome de embriofetopatía", el cual puede ser más o menos completo, oscilando entre una malformación aislada inespecífica y un síndrome de malformación completa.

Si el etanol se toma durante los primeros meses del embarazo aparece un síndrome de alcoholismo fetal. Si la ingestión sólo ocurre durante los últimos meses provoca únicamente un retraso en el crecimiento intrauterino y el niño nace con un peso y una talla inferiores a las normales, pero su morfología es correcta.

c)     Primeros meses: Además de los peligros somáticos que presenta el niño durante la gestación o durante la lactancia por pasar el alcohol por la leche materna, los peligros son manifiestos en los primeros días y meses: por falta de ayuda en las atenciones al niño y por los frecuentes errores o peligros a los que está sometido en las fases de alcoholismo agudo con la madre. La calidad de las relaciones madre-hijo tiene fuertes repercusiones sobre la seguridad posterior del niño y es indispensable para una buena formación del Yo y para una maduración armónica de la personalidad. Está claro que los bruscos cambios de carácter y de comportamiento inducidos por el alcohol no pueden dar el lógico y normal equilibrio al niño. Este se ve distorsionado por las fases totalmente diferentes e incluso contradictorias de los afectos maternos.

Respecto a beber delante del niño es muy peligroso ya que muy tempranamente se fijan y aparecen las imitaciones: el 43% de las muertes infantiles del primer año al tercero son por intoxicaciones alcohólicas y por medicamentos. (Cf. Alfonso Sanjuán, 1983, p. 206).

Tampoco tienen la debida higiene, ropa limpia, abandono de la alimentación, sin control sanitario o médico necesario y con desorden en todas las actividades de su vida.

d)     Niñez: Todo lo existente en una familia se refleja en los hijos, y tanto el alcohol como el desbarajuste y caos que existe en una familia con una o varias personas alcohólicas se acusa directamente en los niños.

 

La responsabilidad de los padres no se limita sólo al plano material de satisfacer las necesidades inmediatas, sino que abarca también satisfacer las necesidades afectivas y éstas están deterioradas o ausentes con un progenitor alcohólico.

Alfonso Sanjuán e Ibáñez López (1983, p. 207) señalan en el plano físico que estos niños, a los 8 meses de edad, tienen una reacción más pobre respecto a los estímulos. Su respuesta al levantarse, sentarse, coger objetos, subir escaleras, rodar e imitar no tiene la riqueza de otros niños.

El desarrollo físico e deficiente en talla y peso. A parir de los 16 años tiende a normalizarse.

Sufren más hospitalizaciones y enfermedades que la media de su ambiente y éstas son más duras y traumatizantes porque pasan la enfermedad prácticamente aislada y privada de afecto y cariño.

Presentan con mayor frecuencia que otros niños dolores de cabeza, vértigos, dolores abdominales y enuresis.

En el plano psicológico, si la madre es la alcohólica, es aún peor y si son los dos mucho más grave.

Muy pronto aparecen trastornos emocionales y de conducta que hacia los 8-12 años se agudizan.

A los 13 años aparece una marcada hostilidad hacia el padre alcohólico, que a lo largo de los años suele transformarse en indiferencia.

No es raro que aparezcan fases de histeria, depresiones y distorsiones de la personalidad en cifra muy superior a la media.

La disminución de la media de la inteligencia no es debida al alcohol, sino por el ambiente bajo, depresivo, sin horizontes y frustrante que respira el niño y le impide la curiosidad y motivar y estimular su inteligencia. (Esto no quita que algunos hijos de alcohólicos hayan sido de las personas más inteligentes de la Humanidad).

Las relaciones padre-hijo y madre-hijo son desequilibradas. La posible sustitución del papel de padre por la madre o de ambos por un hermano mayor conllevan un cataclismo emocional.

En la escuela tiene un rendimiento más pobre que la media, acompañado de astenia, desgana, lentitud y pereza intelectual e inhibición.

Suelen ser inadaptados al medio y al grupo en el que se desarrollan, con lo que se agudiza su aislamiento.

Suele existir un gran miedo a que los compañeros y profesores conozcan la situación familiar, apareciendo inseguridades, temores, vergüenza y falta de estímulo para estudiar. Sin un gran apoyo por parte de los profesores son incapaces de conseguir un resultado positivo en los estudios.

Si el profesor no conoce el problema y no ayuda al muchacho se crea una situación de infravaloración que le impide continuar estudiando.

En resumen, los niños son las primeras víctimas inocentes de estas situaciones producidas por el alcohol. Víctimas por cuanto se conculcan sus más elementales derechos: el sustento y el afecto. Inocentes por cuanto se les ocasiona un daño que no merecen y en cuya causalidad no han participado.

En cuanto a su personalidad el perjuicio puede adquirir proporciones descomunales.

Árboles González (1995, p. 218) afirma que "los hijos de los alcohólicos suelen ser individuos tristes y traumatizados, con una personalidad deficientemente estructurada y con una evidente predisposición a sufrir cualquier tipo de trastorno psíquico".

Al alcohólico parece no afectarle ni interesarle las dificultades y los problemas de sus hijos. Tan perniciosa es la actitud hostil y los malos tratos, como puede serlo la inhibición ante estos temas.

Alonso Fernández (1981, p. 122) enumera la morbilidad psiquiátrica entre los hijos de los alcohólicos. "Psicosis esquizofrénica, trastornos de conducta y la misma alcoholomanía".

Mendonça (1976), mediante un estudio comparativo de un grupo de 100 niños de padre alcohólico con un grupo testigo, llega a la conclusión de que los primeros sufren alteraciones del desarrollo psicomotor (especialmente la inestabilidad y lentificación), desequilibrio emocional y un rendimiento escolar insuficiente: "el rendimiento escolar de los hijos varones alcohólicos se ha mostrado muy inferior al de los demás niños, con un retraso considerable o incluso con una total ausencia de aprendizaje".

En nuestra investigación tratamos de confirmar y ampliar estos datos.

Resumimos los efectos que el alcoholismo produce en los hijos, según los autores citados, referentes a la personalidad y su rendimiento escolar:

a)     En cuanto a los efectos psíquicos:

  • Personalidad inmadura.
  • Distorsiones de la personalidad.
  • Trastornos emocionales.
  • Trastornos de conducta.
  • Histeria y depresiones.
  • Inseguridad producida por carencia afectiva.
  • Inadaptación social.

b)     En cuanto al Rendimiento Escolar:

  • Desarrollo psicomotor deficiente.
  • Habilidad manual reducida.
  • Lateralización defectuosa.
  • Coeficiente intelectual entre 50 y 80.
  • Aprendizaje y desarrollo inferior a la media.
  • Adquisición del aprendizaje en forma tardía.
  • Rendimiento escolar insuficiente e inferior a la media.

Podemos afirmar que cuando en una familia hay un miembro alcohólico toda la familia es alcohólica, en el sentido de vivir juntos una problemática angustiosa con efectos negativos y que repercuten, indudablemente, en el desarrollo físico, emocional, intelectual y social de los hijos.

FUENTE: 
 Asociación de antiguos Alumnos de Magisterio

http://www.aasafaubeda.com/index.php?option=com_content&task=view&id=827&Itemid=6

 

 


Publicado por Fisac 9:06 AM / 0 Comentarios Ver nota completaEnviar nota a un Amigo
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